marzo 25, 2010

Después del hoyo

Hablamos casi una hora. Tal vez fue una hora, lo más seguro es que haya sido más, no estoy segura. El tiempo pasa rápido siempre que hablo con él. Tenía mucho de no hacerlo, tenía mucho de no saber nada de él.

Juan Carlos. Nunca le digo Juan, nunca le digo Carlos, como le dice todo mundo ahora. Siempre le llamo por su nombre completo, por que me gusta como suena, entero, largo, fuerte, con esa pequeña pausa entre la n y la c.

Después de haber compartido casa algo así como cinco meses con él, creo que no lo he vuelto a ver. Tal vez una vez, pero no puedo estar segura si quiera. Y eso fue en el 2002. De agosto a mediados de diciembre de 2002, de esto si me acuerdo perfectamente.

Fue un tiempo muy intenso que dejó profundas huellas en mi corazón, y , concluyo, que el compartir tantas experiencias durante ese tiempo habrá de haber dejado sus propias marcas todas relacionadas con él.

Aún y que tengo años de no verlo, aún y que tenía más de dos meses de no saber nada de él, el recibir su llamada hoy me recordó lo mucho que lo quiero, lo mucho que lo extraño, lo mucho que me gustaría volverlo a ver.

Me habló para contarme que estaba saliendo de una profunda depresión de esas que parecen que no tienen salida; me habló para decirme que hoy se sentía excelente y que estaba tomando las medidas necesarias para seguir así.

Después de haber pasado más de cinco minutos gritándole y reclamando su falta de consideración para conmigo por no avisarme de sus momentos difíciles para poder acompañarlo, aunque fuera en la distancia, me explicó.

Y entendí.

La verdadera amistad no necesariamente requiere de presencia en los ratos oscuros, pero siempre en aquellos felices.

La felicidad compartida se multiplica.

marzo 22, 2010

En duda

¿Qué querrá decir el que me emocione tanto que me digan que los trabajadores en mi empresa digan que tengo más huevos que el administrador general?

marzo 18, 2010

Capítulo 1

Ya había un blog antes. Mío. Supongo que dejó de serlo cuando dejé de escribir lo que quería escribir por no querer que los que leían lo que escribía leyeran lo que quería escribir.

Fue genial todo ese tiempo en el que pude registrar mi vida, desahogarme, y después ir compartiendo con desconocidos que extrañamente se interesaban en lo que tenía que decir, y luego me acompañaban en mis días y mis historias.

Conocí a mucha gente. Bueno, la cantidad es relativa en realidad, pero refraseo: conocí varias personas, interesantes y muy diferentes entre si, muy diferentes a mi, gente con la que nunca me hubiera encontrado de otra forma, y por eso estoy agradecida.

A varios de estos lectores conocí en persona y fue una experiencia inolvidable. Hice buenas amistades con algunos de ellos y hasta le fecha seguimos en comunicación.

Pero ya no es lo mismo. Con el blog, quiero decir. Hay cosas que suceden, que pienso, que siento y me llena una necesidad profunda de expresarlas, pero se me complica el compartir con quien me conoce y me encuentro censurando los relatos o cambiando las palabras o la forma en que me gustaría decir las cosas.

Es curioso que se me haga más fácil hacerlo con extraños, con gente sin cara; es más curioso creer que es menos probable que me juzgue alguien que no me conoce, para quien sólo soy letras que forman palabras, palabras que hacen frases, párrafos, entradas en un blog, un día sí, dos días sí, un día no, varios no, varios sí.

Necesito mi privacidad públicamente compartida. Creo que necesito poder expresarme y saber que, tal vez, en algún lugar, a alguien le importa lo que tengo que decir, lo que quiero compartir, lo que quiero gritar, berrear, refunfuñar, cantar. Y que tal vez, me de una opinión sin carga, me haga un comentario gracioso, sea ría o llore conmigo.

Alguien que no va a pensar mal o menos de mi, que no se va a sorprender ni a decepcionar.

Alguien con nada de prejuicios, que ya tengo suficientes propios para que me duren toda la vida.

En pocas palabras, quiero decir lo que se me de la rechingada gana, como se me de la rechingada gana, cuando se me de la rechingada gana y a parte, sin herir sensibilidades.

Por eso vuelvo a empezar.

marzo 17, 2010

Prólogo

Soy mujer. Lo atestiguan mis senos prominentes y mi vagina (no se me ocurre algún adjetivo descriptivo para ésta que no cuele mejor en una historia de algún libro erótico... o más bien pornográfico). A parte, mi nombre termina con la letra a. El pelo largo y que a veces me pongo falda no tienen nada que ver.

Tengo 29 años. Casi 30, no tanto por que esté cerca la fecha de cumpleaños, sino por que no he podido evitar tener bien presente que pronto entraré a esa década (que bien dicen es la mejor para una mujer (con senos y vagina, como yo)), y, sí, seré treintona, más vieja, el reloj biológico sigue avanzando, etc.

Estoy soltera, palabra que me suena sospechosamente a que en algún lugar de su etimología debe de tener la palabra sólo por allí, pero (exceptuando momentos aislados y poco frecuentes) puedo decir que mi propia compañía es suficiente por ahora, y que tengo suficientes amistades y amantes recurrentes que me acompañan y ocupan los espacios que por mi cuenta soy incapaz de llenar (el auto abrazo no sirve para nada; hay un límite a los monólogos (por eso de que correr peligro de que me encierren en algún hospital psiquiátrico); hasta ahora he sido incapaz de encontrar la forma de besarme y… en fin, hay una lista interminable de cosas).

Vivo en una casita que aunque no es mía y es diminuta, es mi hogar; en una comunidad pequeña, alejada de bullicios y alteraciones vehiculares, donde aún se respira aire fresco y en las noches el cielo se forra de asteriscos brillantes que nunca puedo terminar de contar, donde en el día me rodea una variedad infinita de colores creada por la sabia naturaleza y que no tiene nada que ver con la paleta de colores de la Ford o cualquier empresa creadora de pintura; estoy en un país que adoro por que es el mío, por que me vio nacer y crecer, por que la cultura y la gente que la lleva ha influido mucho en mi forma de ser, en mis creencias y mis aspiraciones; me ubico en el planeta Tierra de la Vía Láctea, el tercero del Sol para acá, esa cosa redonda que gira y gira, que me da un lugar, vida y deleite y que respeto y trato de cuidar.

Tengo una carrera profesional y me mantengo gracias a ella. Estudié algo riesgoso para mi época y mi género, y a pesar de todas las predicciones, tengo un excelente trabajo y disfruto mucho ejerciendo lo que tanto me gusta. Gano suficiente para ahorrar para un futuro (que aun que me parece tan incierto sé que es necesario hacerlo) y para vivir cómodamente.

Estoy contenta con mi vida y satisfecha por que refleja mucho de mi personalidad y carácter, mi esfuerzo, mis sueños, luchas, logros y sacrificios.

Esta soy yo hoy. Y aquí y así empieza esto.